El Sello del Espíritu Santo

Cuando el apóstol Pablo escribe a la Iglesia en Éfeso, les dice que ellos, desde que creyeron, fueron sellados por el Espíritu Santo de la promesa. (Efesios 1:13) ¿Cómo fue esto? Nos podemos trasladar años antes, cuando Pablo visitó Éfeso y se encontró con unos discípulos, los cuales habían sido solamente bautizados en el bautismo de Juan.

Hablando con ellos, que eran como unos doce, les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo después que creyeron. Entonces ellos le dijeron que ni siquiera habían oído si había Espíritu Santo. Después, el apóstol, compartiéndoles la gracia de Dios, les habló de Jesucristo; fueron bautizados en el nombre de Jesucristo y, después, al imponerles las manos, fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas. (Hechos 19:1-6).

Por tal razón, también les dice: un Señor, una fe y un bautismo. (Efesios 4:5) Ellos recibieron el Espíritu Santo de esa manera, y ese es el sello, porque desde Pentecostés, en Samaria y en la casa de Cornelio, así se había manifestado. Pablo los pone como ejemplo de aquellos primeros varones que creyeron en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados y para recibir herencia con Dios en los cielos.

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